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En el Camino, el peso se convierte en la principal causa de abandono y de lesiones evitables. La regla clásica —no cargar más de un diez por ciento del propio peso— sigue siendo el mejor filtro para decidir qué entra en la mochila.
El calzado, la decisión más importante
Nada de estrenar botas. El calzado debe llevar semanas de uso y haber caminado ya distancias largas. Zapatilla de trekking o bota ligera, según el terreno y la época, y siempre con espacio suficiente para que los dedos no golpeen en las bajadas.
Dos pares de calcetines técnicos por día de camino, sin costuras marcadas, evitan la mayoría de las ampollas.
Ropa por capas
En Galicia y en el norte puede llover en cualquier estación, y el mismo día puede pasar del fresco de la mañana al calor del mediodía. La solución es vestirse por capas y llevar siempre protección para la lluvia.
- Dos o tres camisetas técnicas de secado rápido
- Una capa intermedia ligera (forro o similar)
- Chubasquero o poncho que cubra también la mochila
- Ropa de descanso para el final de la etapa
- Gorra o sombrero y gafas de sol
Salud y cuidado de los pies
Un botiquín mínimo pesa poco y resuelve mucho: apósitos para ampollas, esparadrapo, tijeras pequeñas, analgésico habitual, crema solar y la medicación personal con su receta.
Revisar los pies al terminar cada etapa, secarlos bien y tratar cualquier roce en cuanto aparece es la diferencia entre llegar o retirarse.
Documentación y credencial
La credencial del peregrino se sella a lo largo del recorrido y es lo que permite solicitar la Compostela al llegar. Guárdala en una bolsa impermeable junto con el DNI o pasaporte y la tarjeta sanitaria.
Lo que casi nunca hace falta
Secador, ropa de más, tres libros, botas de repuesto y el neceser completo de casa. Si el grupo viaja con vehículo de apoyo, todo lo prescindible va en la maleta grande, no a la espalda.
En nuestros grupos organizamos el transporte de mochilas entre etapas, para que cada uno camine solo con lo que necesita durante el día.





